ABIERTO TODA LA NOCHE

La ciudad está siempre abierta,
las calles nunca cierran.
Cuando las líneas del cielo
se tintan de negro,
empiezan las constelaciones:
las aceras fulguran,
los coches resbalan
con rumores de bermellón
y los edificios más altos
caen y se encienden
en la cinta de agua inquieta.
Lo que antes eran marasmos
y montones de secoyas,
ahora son avenidas
que se cruzan o rehuyen
igual que los destinos-
tramas sin nombre, presencias
que en el vacío tienen un sentido.
 
 
 
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