INTERIOR

Hasta antes de encontrarla, los cristales
estaban turbios de resaca, oscuros
como guantes de piel de cocodrilo.
Ahora la luz vuelve a entrar oblicua
dentro de la habitación alquilada:
la tetera, las tazas, la pared
con fotos del último Mardi Gras,libros
y muebles vuelven a iluminarse.
Los que aun ella no queriendo la habitaban
(de quienes la piedad se desentiende)
huyeron a desvanes donde nunca entrará.
Lejos de su mirada se entierran
igual que antepasados de quienes renegó.
 
 
 
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